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Peregrinación, Ciencias y Sufismo El arte islámico en Cisjordania y Gaza

marzo 28, 2010 1 comentario

Peregrinacion, Ciencias y Sufismo

 

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Notas sobre Goethe

enero 12, 2010 Deja un comentario

Artículo aparecido en WebIslam :

 

“Es en Oriente”, señaló el escritor alemán Frederic von Schlegel, “donde debemos buscar el supremo romanticismo”. Esta frase muestra a las claras la influencia que el Oriente musulmán ejerció sobre los escritores alemanes de principios del siglo XIX.

Entre estos escritores destaca por méritos propios la figura de Johann Wolfgang von Goethe, que está considerado como el mejor escritor en lengua alemana de todos los tiempos. El nombre de Goethe ha sido dado al Instituto estatal de Alemania que está encargado de difundir el idioma alemán en todo el mundo, así como a incontables instituciones.

Cuando era joven, Goethe quiso realizar estudios orientales, pero su padre le obligó finalmente a estudiar leyes. Goethe siempre admiró a los primeros viajeros a Arabia (Michaelis, Niebuhr) y estaba fascinado por la lectura de lo que ellos publicaron acerca de sus viajes.

Goethe siempre consideró que no había sido una mera casualidad, sino un hecho providencial lleno de significado, el que en el otoño de 1813 un soldado alemán de las tropas napoleónicas que regresaba de España le trajera un viejo manuscrito en árabe de la época de Al Andalus. Este manuscrito contenía la última Sura (Capítulo) del Corán, la 114, “An Nas” (Los Hombres). Goethe intentó más tarde copiarla con la ayuda de algunos profesores de Jena, que le habían ayudado a traducir el contenido del manuscrito.

En 1814, Goethe visita a un grupo de musulmanes rusos de etnia bachkir del Ejército del zar Alejandro I, que estaban utilizando el instituto protestante de Weimar como una mezquita improvisada para realizar allí sus oraciones. En su carta a Trebra (5-1-1814), Goethe escribe: “Hablando de profecías, tengo que decirte que hay cosas que están ocurriendo en estos días que ni a un profeta le hubieran permitido decir. ¿Quién habría podido afirmar hace unos años que habría habido un servicio religioso musulmán y que algunas Suras del Corán iban a ser recitadas en el auditorio de nuestro instituto protestante? Sin embargo, esto ha ocurrido y acudimos a la oración de los bachkires, vimos a su mulá y recibimos a su príncipe en el teatro. Yo fui obsequiado, como favor especial, con un arco y unas flechas que, en eterno recuerdo, colgaré sobre mi chimenea tan pronto como Dios decrete un feliz retorno para ellos”.

En realidad, la actitud positiva de Goethe hacia el Islam va mucho más allá de la que hubiera tenido anteriormente cualquier alemán. Él mismo escribe, en tercera persona, el 24-2-1816: “El poeta (Goethe)… no desmiente las sospechas de que él mismo sea un musulmán”. (WA I, 41, 86). Más tarde, Goethe se muestra aún más abiertamente como musulmán: “No puedo decirte más que esto: Trato de permanecer en el Islam” (Carta a Zelter. 20-9-1820).

También escribe en una de sus obras cumbre, el “Diván”:

“Es estúpido que todo el mundo
esté alabando su opinión particular.
Si el Islam significa sumisión a Dios,
todos vivimos y morimos como musulmanes”.

En los años 1814-1815, Goethe empieza a estudiar en Jena el idioma y la literatura árabes con algunos profesores de estudios orientales, como Paulus, Lorsbach y Kosegarten. Después de ver sus manuscritos y haber conocido el Corán, Goethe sintió el fuerte impulso de aprender árabe. Él copiaba algunas dúas (súplicas a Dios) islámicas y más tarde escribió: “En ningún otro idioma el espíritu y la letra están plasmados de una forma tan primordial”. (Carta a Schlosser, 23.1.1815). Goethe estudió gramáticas de árabe, libros de viajes, poesía, interpretaciones del Corán, antologías y libros sobre la Sira (la vida del Profeta Mujámmad, Bendiciones y Paz de Dios sobre él). A Goethe le gustaba en especial un traducción de la obra “Diwan” del poeta persa Mujámmad Chamsuddin Jafis, realizada por J. Hammer. Todo esto le empuja a escribir su propio Diván, una obra poética que está claramente inspirada y referida a diferentes versos del Corán (Mommsen, pg. 269-270).

A la edad de 70 años, Goethe escribe (Notas y Ensayos al Diván, WA I, 17, 153) que intenta “celebrar respetuosamente esa noche –la Noche del Destino (Lailat ul Qadr)- en la que se le reveló el Corán al Profeta desde lo Alto”. También escribió: “Cualquiera podría maravillarse por la gran eficiencia del Libro. Esto es por lo que ha sido declarado como ‘increado’ por sus reales admiradores (los musulmanes)”. A esto, añade: “Este libro continuará siendo altamente efectivo para toda la eternidad”. (WA I, 7, 35/36).

Hoy se conservan en el Archivo de Goethe y Schiller, localizado en Weimar (Alemania), los manuscritos de los primeros estudios coránicos de Goethe de los años 1771-1772. Goethe leía la traducción alemana del Corán realizada por J. Hammer y la traducción inglesa de G. Sale delante de los miembros de la familia Duke de Weimar y sus invitados. El gran autor alemán Schiller y su esposa escribieron acerca de estas públicas lecturas de Goethe (Carta de Schiller a Knebel, 22.2.1815). Goethe pensaba que las traducciones del Corán de que disponía eran insuficientes y siempre estaba pidiendo más. En el Diván, Goethe escribe:

”¿Es el Corán eterno?
No lo dudo.
Éste el es libro de los libros
Lo creo más allá del deber de los musulmanes (de creerlo así)”.
(WA I, 6, 203)

En este mismo sentido, Goethe habla de la diferencia entre un profeta y un poeta. “(Muhámmad) es un profeta y no un poeta y, por lo tanto, su Corán tiene que ser visto como una ley divina y no como un libro humano escrito para la educación o el entretenimiento”. (Noten und Abhandlungen zum Westöstlichen Divan, WA I, 7, 32).

Además de la fascinación que le produce el lenguaje del Corán, así como su belleza y sublimidad, Goethe se siente atraído también por su significado religioso: la Unidad de Dios y la convicción de que Él se manifiesta en Su creación. En los primeros manuscritos de Goethe podemos ver que reprodujo diferentes versos del Corán que hablan de cómo el hombre debería contemplar la naturaleza y todos sus fenómenos como signos de la acción divina. La multiplicidad y complejidad de los fenómenos naturales indican también la existencia de Un Dios único. Goethe habla de “la grandeza de Dios en lo pequeño” (Gottes Grösse im Kleinen).

Goethe estaba también impresionado por la revelación coránica de que Dios habló a la humanidad a través de una serie de profetas. En 1819 Goethe dice -comentando el verso 4 de la Sura de Abraham (14): “No mandamos a ningún enviado que no hablara en la lengua de su pueblo, para que les explicara con claridad”-: “Es cierto lo que Dios dice en el Corán”. (Carta a A. Blumenthal 28.5.1819). En su Carta a Carlyle (20.7.1827), Goethe hace también referencia a este verso coránico: “El Corán dice: ‘No mandamos a ningún enviado que no hablara en la lengua de su pueblo’. Esta idea vuelve a aparecer en un ensayo escrito en 1827.

En varios versos del Divan, Goethe se refiere también a la virtud islámica de dar ayudas a los necesitados y habla del “placer de dar”. (Die Wonne des Gebens).

Uno de los factores que llevaron a Goethe a interesarse por el Islam fue su rechazo hacia algunos de los dogmas de las iglesias cristianas, y muy en especial de la católica. “Hay muchas tonterías en la doctrina de la Iglesia” (Conversaciones con Eckermann, 11.3.1832).

En el Diván, Goethe refuta asimismo el dogma cristiano de la divinidad de Jesús y afirma la Unidad de Dios:

“Jesús se sintió puro y reflexionó
únicamente sobre el Dios Único.
Quien le hizo ser un dios
ofende su sagrada voluntad.
Y, de este modo, la verdad tiene que resplandecer,
tal y como Mujámmad también logró hacer.
Por medio sólo del nombre del Uno
él gobernó todo el mundo”.

Goethe manifiesta asimismo en el Diván el valor que tiene el vivir el momento presente frente a la actitud resignada del Cristianismo que relega el disfrute de las cosas únicamente a la otra vida.

Finalmente, en el poema de los Siete Durmientes, contenido en el Diván, Goethe llama a Jesús profeta (en consonancia con las enseñanzas islámicas): “Éfeso durante muchos años / Honra las enseñanzas del Profeta Jesús”. (WA I, 6, 269).

Goethe estaba también fascinado por algunos escritos sufíes y, más especialmente, por la metáfora de Saadi Shirazi sobre el “vuelo en el amor”, es decir, sobre el vuelo hacia la luz tras la muerte. Goethe incluye así un poema en el Diván, “El anhelo del gozo”, en el que refleja esta metáfora de Saadi. Asimismo, en el capítulo dedicado al sabio sufí, Yalal ul-Din Mevlavi Rumi, reconoce la importancia del recuerdo de Al-Lah (Dios) en el Islam: “El rosario de cuentas musulmán, por medio del cual Al-Lah es glorificado por sus 99 Atributos, es una letanía de alabanzas. La afirmación de estos Atributos aproxima al Ser (Wesen) inabarcable. El adorador se encuentra entonces atónito, sometido y calmado”. (WA I, 7, 59).

 

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QUE ES EL SUFISMO

diciembre 30, 2009 Deja un comentario

Tomado de Inteligencia Católica

 

El Sufismo es menos una doctrina o un sistema de creencias que una experiencia y una forma de vida. Es una tradición de iluminación que lleva adelante la verdad esencial a través del tiempo. Tradición que, sin embargo, debe ser concebida en un sentido vital y dinámico. Su expresión no debe permanecer limitada a las formas religiosas y culturales del pasado. La verdad del Sufismo requiere reformulación y expresión nueva en cada época.
Esto no significa que el Sufismo vaya a transigir en su desafío con una sociedad obstinadamente materialista. Es y seguirá siendo una crítica al espíritu mundano- gracias al cual nace todo lo que nos hace olvidadizos de la Divina Realidad. Es y debe ser una vía de escape del laberinto de una cultura materialista en bancarrota. Más importante, sin embargo, es una invitación a lo significativo y al bienestar.

El Sufismo, tal como lo conocemos, se desarrolló dentro de la matriz cultural del Islam. La revelación Islámica se presentó a sí misma como la última expresión del mensaje esencial traído a la humanidad por los profetas de todas las épocas. El Corán reconoce la validez de 120.000 profetas, o mensajeros, que han venido a despertarnos de nuestro mezquino egoísmo y recordarnos nuestra naturaleza espiritual. Confirmó la validez de revelaciones pasadas, al mismo tiempo que aseveraba que el mensaje original fue a menudo distorsionado en el transcurso de los siglos.

El llamado del Sufismo a la universalidad se basa en el amplio reconocimiento de la existencia de un sólo Dios, el Dios de todas las personas y de todas las verdaderas religiones. El Sufismo entiende ser la sabiduría hecha realidad por los grandes profetas- incluyendo explícitamente a Jesús, Moisés, David, Salomón, y Abraham, entre otros, e incluyendo implícitamente a otros seres iluminados innominados de cada cultura.
En el mundo Occidental de hoy existen diversos grupos bajo el nombre de Sufismo. Por un lado, están los que sostienen que no puede existir un verdadero Sufismo sin la valoración y práctica de los principios del Islam. Por otro lado, algunos grupos ignoran más o menos las raices Islámicas del Sufismo y toman sus enseñanzas de más atrás, de Sufis que pueden o no haber tenido contacto con enseñanzas específicamente Islámicas. Mas aún, hay quienes aceptan el Sufismo tanto en su esencia como en su forma, mientras hay otros que son Sufis en la esencia pero no en la forma. En mi opinión, una valoración y comprensión del Corán, de los dichos de Muhammad, y del Sufismo histórico es de incalculable valor para el caminante de la vía Sufí.

Históricamente, el Sufismo no fue concebido como separado de la esencia del Islam. Todos sus maestros trazaron su iluminación a través de una cadena de transmisión que partía en Muhammad. Aunque pudieron disentir con ciertas interpretaciones del Islam, nunca cuestionaron la validez esencial de la revelación Coránica, ni fueron fundamentalistas en el sentido de interpretar rígidamente esa revelación o de desacreditar otras creencias. Muy frecuentemente ellos representaron los más altos logros dentro de la cultura Islámica y fueron una fuerza de tolerancia y moderación.
Durante catorce siglos la vasta tradición Sufí ha contribuido con un cuerpo de literatura sin par en la tierra. De algún modo los principios directrices del Corán, y la heróica virtud de Muhammad y sus acompañantes generaron un ímpetu que permitió que floreciera una espiritualidad de amor y consciencia. Aquellos que siguen la vía Sufí hoy son los herederos de un inmenso tesoro de sabiduría y literatura.

Comenzando con sus raices en el tiempo de Muhammad, el Sufismo ha crecido orgánicamente como un árbol de muchas ramas. La causa de la ramificación ha sido con frecuencia la aparición de un maestro iluminado cuyos métodos y contribuciones a la enseñanza han sido suficiente para comenzar una nueva línea de crecimiento. Estas ramas generalmente no ven a las demás como rivales. Un Sufí, en algunos casos, puede ser iniciado en más de una rama para recibir la gracia (baraka) y conocimientos de determinadas órdenes.
Hay poco cultismo en el trabajo de los Sufis. Los Sufis de una orden pueden, por ejemplo, visitar las asambleas de otras. Incluso el carisma de un maestro en particular es siempre considerado desde el punto de vista de que es íntegramente un don de Dios. El carisma tiene valor en cuanto puede atar corazones de estudiantes a un ser humano que representa la verdad de la enseñanza, pero existen muchas salvaguardias para recordarle a todos que el culto a la personalidad y el orgullo excesivo por la propia afiliación son formas de idolatría, es decir, un gran pecado.
Si hay una verdad central que el Sufismo distingue, es la unidad de ser, el hecho de que estamos integrados con lo Divino. Esta es una verdad que nuestra era está en inmejorable posición de apreciar- emocionalmente, debido a la contracción del mundo gracias a las comunicaciones y el transporte, e intelectualmente, debido a los desarrollos de la física moderna. Somos Uno: una comunidad, una ecología, un universo, un ser. Si es que hay una verdad digna de ese nombre, es que formamos un todo con la Verdad, que no estamos separados de ella. La comprensión de esta verdad tiene efectos en nuestro sentido de quienes somos, en nuestra relación con los demás y con todos los aspectos de la vida. El Sufismo tiene que ver con la comprensión de la corriente de amor que corre a través de toda forma de vida, con la unidad detrás de las formas.
Si es que el Sufismo tiene un método central, éste es el del desarrollo de la presencia y del amor. Sólo la presencia puede despertarnos de nuestra esclavitud respecto del mundo y de nuestros propios procesos sicológicos, y sólo el amor cósmico puede abarcar lo Divino. El amor es la más alta activación de la inteligencia, pues sin él nada grande se lograría, ya sea espiritualmente, artísticamente, socialmente, o científicamente.

El Sufismo es el atributo de aquellos que aman. Los amantes son personas que son purificadas por el amor, libres de sí mismas y de sus propias cualidades y completamente atentas al Amado. En otras palabras los Sufis no están inmersos en el servicio por alguna cualidad propia, pues ellos ven todo lo que son y tienen como perteneciente a la Fuente. Un antiguo Sufí, Shebli, decía: " El Sufí no ve nada más que a Dios en los dos mundos."


Este libro es acerca de un aspecto del Sufismo: la presencia, y cómo se puede desarrollar esta presencia y usarla para activar nuestras cualidades humanas esenciales. Abu Muhammad Mutaish dice: “El Sufi es aquel cuyo pensamiento va al mismo paso que su pie, es decir, está enteramente presente: su alma está donde su cuerpo está, y su cuerpo donde su alma está, y su alma donde su pie está, y su pie donde su alma está. Este es el signo de la presencia sin ausencia. Otros dicen lo contrario: ‘El está ausente de sí mismo pero presente ante Dios’. No es así: el está presente consigo mismo y con Dios.”
Vivimos en una cultura que ha sido descrita como materialista, alienante, neuróticamente individualista, narcisista, y más aún, vivida con ansiedad, vergüenza, y culpa. Desde el punto de vista Sufi, la humanidad hoy en día está sufriendo la peor de las tiranías, la tiranía del ego. Adoramos innumerables ídolos falsos, pero todos ellos son formas del ego.
Hay muchas maneras en que el ego humano puede usurpar incluso los más puros valores espirituales. El verdadero Sufí es aquel que no reclama para sí ninguna virtud ni verdad, sino que vive una vida de presencia y amor abnegado. Más importante que lo que creemos es la forma en que vivimos. Si ciertas creencias conducen al exclusivismo, a la hipocresía, y al fanatismo, el problema está en la vanidad del creyente y no en la creencia. Si el remedio aumenta la enfermedad, es necesario un remedio aún más básico.
La idea de presencia con amor puede ser el remedio más básico para el materialismo prevaleciente, para el egoísmo, y la inconsciencia de nuestra era. En nuestra obsesión con nuestros falsos yoes, en nuestro darle la espalda a Dios, hemos perdido nuestro Yo esencial, nuestra chispa divina. Olvidando a Dios nos hemos olvidado de nosotros mismos. Recordando a Dios empezamos a recordarnos nosotros mismos.
Kabir Edmund Helminski
Traducción de Gaston Fontaine

 

Inteligencia Católica

Viaje a través del Secreto de los Secretos

diciembre 27, 2009 Deja un comentario

secretodelossecretos_sufi

 

 

El Secreto de los Secretos

El Viaje a través del Secreto de los Secretos es una obra de reflexión y síntesis del tratado del sheij Abdul Qadir Al Yilani del mismo nombre, llevado a cabo por Muhámmad AbdulHalim Leal Roel, un musulmán mexicano de la región de Chihuahua, que ha publicado numerosos trabajos en Webislam.

Entre éstos hallamos sus meditaciones sobre el Tawhid, Vivir el La Ilaha illa Allah.

Sobre algunos aspectos de la vida del profeta, la paz sea con él, en El Profeta Muhammad, El Insan Al Kamil.

Seguidor del sendero mevlevi, nuestro autor ha reflexionado y escrito sobre sufismo y espiritualidad, acercándonos a la obra de Rumi y a la tradición de la senda del Amor: La Puerta del Masnavi.

En todas estas obras, cada una de ellas en su ámbito específico, podemos advertir una enorme capacidad de síntesis mediante la comprensión de los contenidos esenciales que viven detrás de los relatos y las narraciones tradicionales y el uso de un lenguaje que favorece nuestra propia comprensión de un material siempre evanescente y polisémico.

De este último trabajo, Viaje a través del Secreto de los Secretos, Muhámmad Leal Roel nos dice que sólo pretende ser “una guía esquemática para aquellos a quienes les interesa trabajar interiormente y profundizar en el conocimiento de la vía mística.”

El autor ha realizado una labor de síntesis de la obra de Al Yilani mediante una serie de cuadros sinópticos y diagramas, seleccionando algunos aforismos y comentándolos con oportunas citas coránicas y referencias a la Sunnah del profeta, la paz sea con él.

Desde Webislam le agradecemos profundamente su confianza y su elección de esta página como medio o soporte de su publicación. Pedimos a Allah lo mejor para él y una magnífica recompensa.

Fuente: WebIslam.com

Nota: Podeis descargar el libro en formato pdf para leerlo (importantísimo estudio) en webislam, pero también está en la sección “Perlas” de este blog. Gracias.

Los árabes en la Historia de los sabios II

diciembre 23, 2009 1 comentario

caravana1 En la historia de Bagdad se citan mil anécdotas de Ab-Wakidi, notables por la moralidad que revelan.
    Se refiere que este poeta tenía dos amigos. Cercado por la pobreza y reducido al hambre, le recordó su mujer que la gran festividad estaba cerca, diciéndole: "Nostros podemos soportar nuestra miseria y aflicción; pero ¿cómo nuestros hijos van a resistir las miradas de sus amigos vestidos con los nuevos trajes de Pascua? Haz lo posible por vestirlos como los demás." Inmediatamente escribió a uno de sus amigos pidiéndole medios, el cual le envió una bolsa cerrada que contenía mil direhunes. Apenas tranquilo de la alegría que experimentó, recibió una carta de otro amigo haciéndole una petición semejante. Inmediatamente le envió la bolsa sin abrirla, y por no presentarse a su mujer se fue a la mezquita huyendo de  los cargos que ésta pudiera hacerle. A pocos instantes se presentó a él el amigo con la misma bolsa cerrada diciendole: “cómo habeis dispuesto de lo que os he enviado? Cuando me pedisteis recursos os envié todo lo que poseía, y habiendole escrito a otro amigo para que me remitiese algun socorro, me ha enviado la bolsa que yo os mandé para aliviar vuestra desgracia.” Esta anécdota describe perfectamente el estado de moralidad del pueblo árabe.

Otro poeta de la misma localidad nos enseña un rasgo sublime difícil de compreder con las ideas que tenemos sobre la suerte de las mujeres entre los musulmanes. Decía el príncipe al-Marzubaní en uno de sus cantos rimados en ain:

“Separado de Leila, ansío la vista de su figura persuadido que la llama que consume mi pecho secalmará al instante; pero las mujeres de la tribu me contestan: Si esperais contemplar los encantos de Leila, morireis de la eterna enfermedad de la esperanza. ¿Cómo quereis ver a Leila mientras que los ojos que poneis en otras mujeres no estén purificados por las lágrimas?… ¿Cómo pretendeis el eco de su voz mientras en vuestros oidos resuenan voces extrañas? ¡Oh Leila! tú eres demasiado noble para ser vista; solamente puede contemplarte el que te se humille sumiso y esclavo.”

Hubo en verdad descendientes de godos y particularmente judíos cuya fama llegó a las regiones del Yemen; ¿cómo negarlo? Por todas partes y en todas las razas existierosn eminentes pensadores, y esta es la razón de por qué no queremos privar de esta ley a la raza árabe, abundante de poetas galantes y sufridos por educación e investigadores por la fe de la creencia en el Dios único.

Los hubo, no en demasía, pero bastantes para citar al hijo de la goda Ibu al-Kutiya que nació en Córdoba, llamado Abu Bohu Muhammad, y Az-Zubaidi maestro en Sevilla de filología e historia, buenos y conocidos ejemplos de la instrucción que poseian los descendientes de D. Rodrigo cuando fueron conquistados.

Las crónicas musulmanas(1) dan exacta reseña dela ascendencia de Al-Kutiya, cuya mujer dicen, fue madre de Ibraim, el hijo de Isa Ibn Muzahin, de quien Abu Kark descendía y la hija de Opas el hijo de Vitiza. La Kutiya fue la que en Siria se casó con Isa Ibn Muzahin, un mawla del Kalifa Omayida Abd al –Azís.Esta mujer gótica había vuelto a España recomendada al gobernador de este país por Hisbam.

El Zubaidi también fue historiador y jurisconsulto, preceptor de al-Mutansir-billa, el emperador; el cual con una cohorte de sabios sevillanos ocupaba en los primeros años de la invasión las escuelas y cátedras, cuya falange honrando a los góticos y romanos suficientemente, se hizo musulmana para pasar a Oriente, donde amplió sus estudios filosóficos y naturales. Podríamos citar centenares de nombres sacados de las biografías arábigas.

De al-Zubaidi hemos leido los versos que escribió a una joven, llenos del sentimiento más desesperante. Se cuenta que a menudo pronunciaba lo siguiente:

Ser pobre en el país natal, es como vivir en tierra extranjera. Tierra extranjera con riquezas, es la patria: por todas partes lo mismo: la humanidad está compuesta de vecinos, y no de hermanos.”

Se publicó hacia 1166, por Ibn-Hamdun, en Bagdad, tan excelente compilación de noticias históricas,asuntos literarios, poemas y anécdotas, que se hizo un gran ruido en toda la tierra muslímica. Le ocurrió, como a otros muchos ingenios, que su obra, mal interpretada por palaciegos aduladores, fue causa de que Abul Maal lo mandara encerrar, y que muriera en su prisión. Dice Imad ad-Din al-Ispahani, que leyó una descripción de los abanicos, mirawahat al Khaish, que se usan en las casas de Irak, los cualyes dan frescura y perfume a los habitantes.

Cuando se mecen, amenazan sin tocar. Empujados con violencia son suaves, y aunque prisioneros, se ostentan libres. Empujan la brisa que al pasar procura el sueño.  Reciben de Salamon herencia (del huracán) (sura 22). Secan cuando la estrella Simak ejerce influencia, pero derraman su humedad cuando vuelven los ardores de Orion. Saludan a los cuatro elementos, y por ende, todos somos sus amigos.”

 

(continuará)

Revista de España. 1878

La escuela sufi de Almería y su relevancia actual

diciembre 21, 2009 1 comentario

1.- Introducción al sufismo andaluz

2.- Ibn Masarra y la llegada de sus doctrinas a Almería

3.- Ismail al-Roainí y el núcleo de Pechina

4.- Abul Abbas ibn al-Arif y la mística batiní

5.- Ibn Arabí y su relación con ‘La escuela sufi de Almería’

6.- Supervivencia de esta escuela y situación actual

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(Vía WebIslam.com)

DEL SANTORAL ISLAMICO – Muley Abd-el Kader Yilali y su cofradía

diciembre 13, 2009 Deja un comentario

(Extraído de la revista “Alrededor del mundo” (Madrid). 22/11/1924)

 

En Marruecos abundan los mendigos. Son mendigos sucios, harapientos, repulsivos unos, otros grotescos en su excesiva miseria, pero, desde luego, mucho menos importunos que nuestros pobres, porque no acosan al transeunte, limitándose a exponer su pobreza y a entonar con voz plañidera una especie de salmodia en la que, una y otra vez, repítese un nombre típicamente musulmán: el nombre de Muley Abd- el-Kader Yilali. Los ciegos, sobre todo, parecen tener un deleite especial en pronunciar este nombre. El turista que visita Tánger ve con asombro reatas de ciegos guiándose unos a otros, como en la divina parábola, y todo el que haya estado en Tetuán o en Larache recordará la figura dudosa del ciego acurrucado en el quicio de la puerta de una mezquita o en la penumbra de una calleja cubierta, reducido casi a un montón de andrajos del que surgen una mano descarnada y sucia y una voz lastimera que dice y vuelve a decir el nombre de Muley Abd-el-Kader Yilali.  ¿Quién es, pues, este Muley Abd-el-Kader a quien suplican o en cuyo nombre imploran la caridad, los mendigos marroquíes? Vamos a verlo.

El año 471 de la Hégira, que corresponde al 1979 de nuestro cómputo, nació en Yil, o Yilán, cerca de Bagdad, un xerif a quien se puso por nombre Mahi-el-Din Abu Mohammed Abd-el-Kader. A la condición de descendiente del Profeta, pronto unió el niño la de discípulo de uno de los grandes maestros del sufismo, Abu Said el Mbarek el Majzumi, y desde muy joven se mostró como un verdadero sufita. Nombrado guardián de la tumba del santo Abu-Hanifa-Nomán, su fervor y sus virtudes no tardaron en llamar la atención de los bagdalíes, y en poco tiempo el nombre de Abd-el-Kader el Yilali, o el Yilán, que de todos modos se le llama, según la forma que se adopte para el nombre de su cuna, fué pronunciado con admiración y respeto haste en el último rincón del mundo islamita, acudiendo de todas partes los fieles para confortar su fe con sus ejemplos y escuchar sus palabras. Abd-el-Kader llegó a ser uno de los más ilustres maestros del Islam, y no se limitó a predicar en Bagdad, centro de sus trabajos, sino que hizo viajes misioneros, extendiendo por todas partes sus doctrinas, que pueden sintetizarse en las fórmulas siguientes: abnegación del ser en favor de Dios; misticismo extático; amor al prójimo en su grado máximo, sin distinción de raza ni de religión; caridad ardiente; piedad rigurosa, y humildad en todos los momentos de la vida. Pero, más que como misionero y como maestro, Abd-el-Kader se hizo popular y conquistó la veneración de sus correligionarios como pobre. Habiendo heredado una regular fortuna de su padre, Abu Salah Musa el Hassani, consideraba una verguenza ser rico mientras había tantos menesterosos en el Islam, y un buen día, más caritativo que el publicano Zaqueo o que San Martín de Tours, que solo supieron ser caritativos a medias, vendió cuanto poseía y repartió el producto entre los pobres, quedándose únicamente con un viejo jaique y una raída alfombrilla, para pedir limosna, como un pobre más, a la puerta de la Gran Mezquita.

Ya llevaba algún tiempo sumido en su voluntaria pobreza, cuando, cierto viernes, un rico mercader que entraba en la mezquita se detuvo ante él, y alargándole una bolsa llena de oro, le dijo:

–Toma, sidi; no está bien que viva en la miseria un santo como tú. Bastante ejemplo de humildad has dado. Estas doscientas monedas han sido ganadas honradamente y puedes aceptarlas sin escrúpulo.

–¡Necio!—repuso el xerif, con una sonrisa de desprecio—. ¿Eres comerciante, e ignoras que nadie vende una cosa por menos de lo que costó? Por doscientas mil monedas de oro compré esta bendita pobreza. ¿Cómo quieres que la venda por doscientas?

Abd-el-Kader el Yilali murió a los ochenta y siete años de edad, pero sus obras le siguen. Todos los pobres del Islam le consideran como su patrón, pero además, con sus predicaciones fundó una de las grandes “tarikas” o cofradías musulmanas, la cofradía de los Kadría, que cuenta con muchos miles de adeptos en todos los países musulmanes, desde Marruecos y el Senegal hasta la India. En Constantinopla y sus alrededores hay más de cuarenta zauias que pertenecen a esta cofradía; en el Cairo, reúnense en la zania kadría más de dos mil adeptos; en Argelia, en Túnez, en Trípoli, hasta en el Sudán, los santuarios de esta escuela religiosa se alzan por todas partes. El sultán de Bornú y todos sus dignatarios son fervorosos discípulos de Muley Abd-el-Kader Yilali. En estos últimos tiempos, la cofradía se extiende cada vez más hacia el Oriente, por el Turquestán y la china, bajo el nombre asiático de Bi-Naua (los desprovistos de todo).

En Marruecos, el nombre del virtuoso Yilali es tan venerado como en cualquier otro país musulmán, pero la cofradía Kadría no ha tomado tanto incremento. Posee, sin embargo, varios santuarios, siendo sus principales zauias, por orden de importancia, la de Melilla, la de Fez y la de Marraquex. Ma el Inin el Chenguitti, el famoso caudillo que tanto dió que hacer a los franceses en el Sur de Marruecos, y cuya familia vive hoy refugiada en el Sáhara occidental, estaba reconocido en aquellas regiones y en buena parte del Sudán como gran maestre de la tarika Kadría.

Más de un mokkadem de las mencionadas zanias se precia de ser descendiente directo del santo, y tal vez con razón si se considera que Abd-el-Kader dejó trece hijos y una hija. De ellos, la mayor parte fueron apóstoles convencidos, que recorrieron el mundo musulmán propagando las doctrinas de su padre, con aquella fiebre de proselitismo propia de su época, que hizo de la cofradía, no solo una verdadera potencia dentro del Islam, sino un modelo para numerosas corporaciones análogas. Y hoy, después de siete siglos y medio, siguen todavía extendiéndose, como mancha de aceite, las predicaciones del venerable xerif, cuyo nombre no osan pronunciar los adeptos sin acompañarlo de los más respetuosos epítetos; el Observador de Allah, al Cosa de Allah, la Bondad de Allah. La Luz de Allah. El Polo de Allah, el Prodigio de Allah…

 

A. Cabrera

(Extraído de la revista “Alrededor del mundo” (Madrid). 22/11/1924)

 

zauia

 

Interior de la zauia de Abd-el-Kader, en Bagdad, donde está sepultado el santo.

 

Orden Qadiriyyah (Kadrí) En Wikipedia (Inglés)