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Los árabes en la Historia de los sabios II

caravana1 En la historia de Bagdad se citan mil anécdotas de Ab-Wakidi, notables por la moralidad que revelan.
    Se refiere que este poeta tenía dos amigos. Cercado por la pobreza y reducido al hambre, le recordó su mujer que la gran festividad estaba cerca, diciéndole: "Nostros podemos soportar nuestra miseria y aflicción; pero ¿cómo nuestros hijos van a resistir las miradas de sus amigos vestidos con los nuevos trajes de Pascua? Haz lo posible por vestirlos como los demás." Inmediatamente escribió a uno de sus amigos pidiéndole medios, el cual le envió una bolsa cerrada que contenía mil direhunes. Apenas tranquilo de la alegría que experimentó, recibió una carta de otro amigo haciéndole una petición semejante. Inmediatamente le envió la bolsa sin abrirla, y por no presentarse a su mujer se fue a la mezquita huyendo de  los cargos que ésta pudiera hacerle. A pocos instantes se presentó a él el amigo con la misma bolsa cerrada diciendole: “cómo habeis dispuesto de lo que os he enviado? Cuando me pedisteis recursos os envié todo lo que poseía, y habiendole escrito a otro amigo para que me remitiese algun socorro, me ha enviado la bolsa que yo os mandé para aliviar vuestra desgracia.” Esta anécdota describe perfectamente el estado de moralidad del pueblo árabe.

Otro poeta de la misma localidad nos enseña un rasgo sublime difícil de compreder con las ideas que tenemos sobre la suerte de las mujeres entre los musulmanes. Decía el príncipe al-Marzubaní en uno de sus cantos rimados en ain:

“Separado de Leila, ansío la vista de su figura persuadido que la llama que consume mi pecho secalmará al instante; pero las mujeres de la tribu me contestan: Si esperais contemplar los encantos de Leila, morireis de la eterna enfermedad de la esperanza. ¿Cómo quereis ver a Leila mientras que los ojos que poneis en otras mujeres no estén purificados por las lágrimas?… ¿Cómo pretendeis el eco de su voz mientras en vuestros oidos resuenan voces extrañas? ¡Oh Leila! tú eres demasiado noble para ser vista; solamente puede contemplarte el que te se humille sumiso y esclavo.”

Hubo en verdad descendientes de godos y particularmente judíos cuya fama llegó a las regiones del Yemen; ¿cómo negarlo? Por todas partes y en todas las razas existierosn eminentes pensadores, y esta es la razón de por qué no queremos privar de esta ley a la raza árabe, abundante de poetas galantes y sufridos por educación e investigadores por la fe de la creencia en el Dios único.

Los hubo, no en demasía, pero bastantes para citar al hijo de la goda Ibu al-Kutiya que nació en Córdoba, llamado Abu Bohu Muhammad, y Az-Zubaidi maestro en Sevilla de filología e historia, buenos y conocidos ejemplos de la instrucción que poseian los descendientes de D. Rodrigo cuando fueron conquistados.

Las crónicas musulmanas(1) dan exacta reseña dela ascendencia de Al-Kutiya, cuya mujer dicen, fue madre de Ibraim, el hijo de Isa Ibn Muzahin, de quien Abu Kark descendía y la hija de Opas el hijo de Vitiza. La Kutiya fue la que en Siria se casó con Isa Ibn Muzahin, un mawla del Kalifa Omayida Abd al –Azís.Esta mujer gótica había vuelto a España recomendada al gobernador de este país por Hisbam.

El Zubaidi también fue historiador y jurisconsulto, preceptor de al-Mutansir-billa, el emperador; el cual con una cohorte de sabios sevillanos ocupaba en los primeros años de la invasión las escuelas y cátedras, cuya falange honrando a los góticos y romanos suficientemente, se hizo musulmana para pasar a Oriente, donde amplió sus estudios filosóficos y naturales. Podríamos citar centenares de nombres sacados de las biografías arábigas.

De al-Zubaidi hemos leido los versos que escribió a una joven, llenos del sentimiento más desesperante. Se cuenta que a menudo pronunciaba lo siguiente:

Ser pobre en el país natal, es como vivir en tierra extranjera. Tierra extranjera con riquezas, es la patria: por todas partes lo mismo: la humanidad está compuesta de vecinos, y no de hermanos.”

Se publicó hacia 1166, por Ibn-Hamdun, en Bagdad, tan excelente compilación de noticias históricas,asuntos literarios, poemas y anécdotas, que se hizo un gran ruido en toda la tierra muslímica. Le ocurrió, como a otros muchos ingenios, que su obra, mal interpretada por palaciegos aduladores, fue causa de que Abul Maal lo mandara encerrar, y que muriera en su prisión. Dice Imad ad-Din al-Ispahani, que leyó una descripción de los abanicos, mirawahat al Khaish, que se usan en las casas de Irak, los cualyes dan frescura y perfume a los habitantes.

Cuando se mecen, amenazan sin tocar. Empujados con violencia son suaves, y aunque prisioneros, se ostentan libres. Empujan la brisa que al pasar procura el sueño.  Reciben de Salamon herencia (del huracán) (sura 22). Secan cuando la estrella Simak ejerce influencia, pero derraman su humedad cuando vuelven los ardores de Orion. Saludan a los cuatro elementos, y por ende, todos somos sus amigos.”

 

(continuará)

Revista de España. 1878

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