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DEL SANTORAL ISLAMICO – Muley Abd-el Kader Yilali y su cofradía

(Extraído de la revista “Alrededor del mundo” (Madrid). 22/11/1924)

 

En Marruecos abundan los mendigos. Son mendigos sucios, harapientos, repulsivos unos, otros grotescos en su excesiva miseria, pero, desde luego, mucho menos importunos que nuestros pobres, porque no acosan al transeunte, limitándose a exponer su pobreza y a entonar con voz plañidera una especie de salmodia en la que, una y otra vez, repítese un nombre típicamente musulmán: el nombre de Muley Abd- el-Kader Yilali. Los ciegos, sobre todo, parecen tener un deleite especial en pronunciar este nombre. El turista que visita Tánger ve con asombro reatas de ciegos guiándose unos a otros, como en la divina parábola, y todo el que haya estado en Tetuán o en Larache recordará la figura dudosa del ciego acurrucado en el quicio de la puerta de una mezquita o en la penumbra de una calleja cubierta, reducido casi a un montón de andrajos del que surgen una mano descarnada y sucia y una voz lastimera que dice y vuelve a decir el nombre de Muley Abd-el-Kader Yilali.  ¿Quién es, pues, este Muley Abd-el-Kader a quien suplican o en cuyo nombre imploran la caridad, los mendigos marroquíes? Vamos a verlo.

El año 471 de la Hégira, que corresponde al 1979 de nuestro cómputo, nació en Yil, o Yilán, cerca de Bagdad, un xerif a quien se puso por nombre Mahi-el-Din Abu Mohammed Abd-el-Kader. A la condición de descendiente del Profeta, pronto unió el niño la de discípulo de uno de los grandes maestros del sufismo, Abu Said el Mbarek el Majzumi, y desde muy joven se mostró como un verdadero sufita. Nombrado guardián de la tumba del santo Abu-Hanifa-Nomán, su fervor y sus virtudes no tardaron en llamar la atención de los bagdalíes, y en poco tiempo el nombre de Abd-el-Kader el Yilali, o el Yilán, que de todos modos se le llama, según la forma que se adopte para el nombre de su cuna, fué pronunciado con admiración y respeto haste en el último rincón del mundo islamita, acudiendo de todas partes los fieles para confortar su fe con sus ejemplos y escuchar sus palabras. Abd-el-Kader llegó a ser uno de los más ilustres maestros del Islam, y no se limitó a predicar en Bagdad, centro de sus trabajos, sino que hizo viajes misioneros, extendiendo por todas partes sus doctrinas, que pueden sintetizarse en las fórmulas siguientes: abnegación del ser en favor de Dios; misticismo extático; amor al prójimo en su grado máximo, sin distinción de raza ni de religión; caridad ardiente; piedad rigurosa, y humildad en todos los momentos de la vida. Pero, más que como misionero y como maestro, Abd-el-Kader se hizo popular y conquistó la veneración de sus correligionarios como pobre. Habiendo heredado una regular fortuna de su padre, Abu Salah Musa el Hassani, consideraba una verguenza ser rico mientras había tantos menesterosos en el Islam, y un buen día, más caritativo que el publicano Zaqueo o que San Martín de Tours, que solo supieron ser caritativos a medias, vendió cuanto poseía y repartió el producto entre los pobres, quedándose únicamente con un viejo jaique y una raída alfombrilla, para pedir limosna, como un pobre más, a la puerta de la Gran Mezquita.

Ya llevaba algún tiempo sumido en su voluntaria pobreza, cuando, cierto viernes, un rico mercader que entraba en la mezquita se detuvo ante él, y alargándole una bolsa llena de oro, le dijo:

–Toma, sidi; no está bien que viva en la miseria un santo como tú. Bastante ejemplo de humildad has dado. Estas doscientas monedas han sido ganadas honradamente y puedes aceptarlas sin escrúpulo.

–¡Necio!—repuso el xerif, con una sonrisa de desprecio—. ¿Eres comerciante, e ignoras que nadie vende una cosa por menos de lo que costó? Por doscientas mil monedas de oro compré esta bendita pobreza. ¿Cómo quieres que la venda por doscientas?

Abd-el-Kader el Yilali murió a los ochenta y siete años de edad, pero sus obras le siguen. Todos los pobres del Islam le consideran como su patrón, pero además, con sus predicaciones fundó una de las grandes “tarikas” o cofradías musulmanas, la cofradía de los Kadría, que cuenta con muchos miles de adeptos en todos los países musulmanes, desde Marruecos y el Senegal hasta la India. En Constantinopla y sus alrededores hay más de cuarenta zauias que pertenecen a esta cofradía; en el Cairo, reúnense en la zania kadría más de dos mil adeptos; en Argelia, en Túnez, en Trípoli, hasta en el Sudán, los santuarios de esta escuela religiosa se alzan por todas partes. El sultán de Bornú y todos sus dignatarios son fervorosos discípulos de Muley Abd-el-Kader Yilali. En estos últimos tiempos, la cofradía se extiende cada vez más hacia el Oriente, por el Turquestán y la china, bajo el nombre asiático de Bi-Naua (los desprovistos de todo).

En Marruecos, el nombre del virtuoso Yilali es tan venerado como en cualquier otro país musulmán, pero la cofradía Kadría no ha tomado tanto incremento. Posee, sin embargo, varios santuarios, siendo sus principales zauias, por orden de importancia, la de Melilla, la de Fez y la de Marraquex. Ma el Inin el Chenguitti, el famoso caudillo que tanto dió que hacer a los franceses en el Sur de Marruecos, y cuya familia vive hoy refugiada en el Sáhara occidental, estaba reconocido en aquellas regiones y en buena parte del Sudán como gran maestre de la tarika Kadría.

Más de un mokkadem de las mencionadas zanias se precia de ser descendiente directo del santo, y tal vez con razón si se considera que Abd-el-Kader dejó trece hijos y una hija. De ellos, la mayor parte fueron apóstoles convencidos, que recorrieron el mundo musulmán propagando las doctrinas de su padre, con aquella fiebre de proselitismo propia de su época, que hizo de la cofradía, no solo una verdadera potencia dentro del Islam, sino un modelo para numerosas corporaciones análogas. Y hoy, después de siete siglos y medio, siguen todavía extendiéndose, como mancha de aceite, las predicaciones del venerable xerif, cuyo nombre no osan pronunciar los adeptos sin acompañarlo de los más respetuosos epítetos; el Observador de Allah, al Cosa de Allah, la Bondad de Allah. La Luz de Allah. El Polo de Allah, el Prodigio de Allah…

 

A. Cabrera

(Extraído de la revista “Alrededor del mundo” (Madrid). 22/11/1924)

 

zauia

 

Interior de la zauia de Abd-el-Kader, en Bagdad, donde está sepultado el santo.

 

Orden Qadiriyyah (Kadrí) En Wikipedia (Inglés)

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