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Archive for 29 noviembre 2009

El Camino

noviembre 29, 2009 1 comentario

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¿Quién quiere seguir viviendo con la convicción de que su sentir es el único y verdadero?

¿Quién, todavía, a pesar de los años vividos, continúa pensando que los lugares donde ha vivido, cuantos más mejor, son señal de que ¨ha vivido¨?

Más, no se trata de cuánto más se sabe, cuánto más se vive en tierras lejanas….

Se trata de aprender sobre uno mismo a través de lo que va descubriendo. Se trata de hacer balance y recordar con honestidad si crecimos espiritualmente, si nos hicimos más fuertes, más valientes, más honestos, más condescendientes con los demás; si aprendimos de ellos, si los escuchamos durante largas noches a la luz de una vela.

Si, descubriendo cuanto nos rodeaba, nos descubríamos a nosotros mismos,

dejando caer los velos, las ataduras, las costumbres no constructivas.

 

Viajar…. viajamos en mundos y submundos, viajamos hacia las alturas y los abismos, llevando el corazón repleto de sensaciones. Este corazón que alberga todo aquello que nosotros elegimos. Aprendimos a luchar por aquello que surgía maravillosamente de nuestra alma, y sabíamos que era evidente, que dejandolo asomar al final nos cubriría con destellos de Amor. Conoceríamos la sonrisa detrás del espejo, la sonrisa sobre nuestras cabezas, la sonrisa del corazón a través de una mirada serena.

 

El fardo que a cuestas llevamos se convirtió en destellos como los tienen las piedras preciosas, talladas con esmero y sabiduría. El viaje tuvo un significado poderoso.

Y cuando uno viaja a tierras lejanas no está más que viajando al centro de su propio corazón. Lo mismo ocurre con el hombre que vive siempre en el mismo lugar: su corazón está en cambio constante, y en las hojas de los árboles ve aquello que otros, a pesar de caminar por senderos interminables nunca podrán discernir.

Nunca es tarde para viajar al centro de tu corazón.

 

Maryam

 

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Ibn Arabi y San Juan de la Cruz

noviembre 1, 2009 Deja un comentario

Tres siglos separan estos dos apogeos espirituales de España, el de los sufis musulmanes andaluces y el de los místicos cristianos más inspirados.
Sus analogías:

La identidad de su objetivo: llegar a ser Dios por participación tal y como dice audaz y peligrosamente San Juan de la Cruz.

La identidad de su camino: “por la extinción de todo deseo parcial en sí y de la vía negativa de la superación de todo conocimiento sensible e inteligible”.

La identidad de su modo de expresión: de la experiencia mística de lo trascendente por la metáfora poética, hacen, a los dos, hermanos del alma en la comunidad abrahámica de los incondicionales de Dios.

Tanto uno como el otro fueron más allá de su época y por ello conocieron las persecuciones: Ibn al-‘Arabi, víctima del integrismo de los “Fuqahas”, tuvo que exiliarse en Damasco para continuar su obra. San Juan de la Cruz, en su esfuerzo por alcanzar a Dios por vías que no eran siempre ortodoxas en su tiempo, conoció la prisión en un calabozo y, en su evasión quemó gran parte de su obra, la cual también era insoportable para los integristas.

 

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