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Konya, la ciudad de los derviches

Fuente: El Nuevo Herald

 

POR BEATRIZ GARCIA CABRERA
EFE/REPORTAJES

La ciudad de Konya es una de las más conservadoras de Turquía debido al carácter místico que ha prevalecido desde que el filósofo Rumí dejara impactada su huella en el siglo XIII. Cuando este poeta y escritor de textos religiosos murió, su hijo agrupó a sus seguidores en la hermandad de los derviches giróvaros, los actuales bailarines místicos.

Uno cierra los ojos y sólo se escucha el rumor de unos pies que se deslizan rítmicamente sobre el suelo. Ese es el sonido de la danza del misticismo sufí, donde los bailarines con vestidos vaporosos y sombreros alargados señalan al cielo con una mano y a la tierra con la otra en un éxtasis corporal y visual que no deja impasible al que lo observa.

A pesar de que en muchos lugares de Turquía los visitantes pueden disfrutar del espectáculo de los derviches, Konya es el sitio original y punto de referencia del sufismo, un movimiento ascético-místico del Islam que, según el experto Gustavo de Arístegui, tiene influencias de religiones no musulmanas.

El Museo Mevlana (así se le conoce también a Rumí, que significa “nuestro guía”) es una impresionante construcción coronada por una cúpula turquesa que cobija la tumba del maestro. La edificación es una de las joyas arquitectónicas más importantes de Turquía debido a su belleza, que se puede contemplar desde la distancia. El sarcófago de Rumí está acompañado por el del hijo que agrupó a los derviches, y ambos están rematados por turbantes que simbolizan la autoridad espiritual. Es habitual encontrarse tumbas con estas estructuras a lo largo de toda Turquía.

Cuenta la leyenda que en la pila que se encuentra en el patio del museo se recogía el agua sagrada de la lluvia de abril. Las personas enfermas se desplazaban hasta este lugar, donde se intentaba sanarlos gracias a esta agua de lluvia ofrecida a través de la punta del turbante de Rumí.

Dentro y fuera del museo es fácil encontrar a guías que hablen español. De hecho, éste es uno de los puntos más concurridos de la ciudad donde decenas de autobuses que provienen de toda Turquía se apilan en los alrededores. Al entrar en el sepulcro es necesario que las mujeres tengan el pelo y los hombros cubiertos, y nadie debe llevar faldas o pantalones cortos.

Si uno presta atención podrá observar el carácter tradicional de la ciudad debido a la religiosidad visible de sus habitantes y a la cantidad de mezquitas que se encuentran en el camino. No hay que perder de vista las pintorescas fuentes para realizar la ablución (limpiarse con agua ciertas partes del cuerpo antes de la oración).

El baile de los derviches es, sin duda, la atracción más interesante de la ciudad. La danza se denomina sema, y en ella los bailarines dan vueltas sobre sí mismos y alrededor del escenario simbolizando el desprendimiento de la vida terrenal para llegar al clímax de la unión con Dios: entonces sólo se escucha el ruido de los pasos de decenas de místicos en silencio.

En un primer momento los derviches portan grandes túnicas negras que simbolizan su propia tumba, y en la cabeza, los verticales sombreros marrones figuran las lápidas. De entre todos los artistas, uno interpreta al maestro, que conoce el Corán de memoria. Ante el guía, los bailarines se desprenden de su “tumba” dejando al descubierto los inmensos trajes blancos que representan sus mortajas.

Uno a uno, y con la aprobación del maestro, van iniciando los giros imposibles, con el brazo derecho recibiendo la bendición del cielo y el izquierdo pegado al cuerpo. En este tipo de danzas es muy importante la iluminación, por eso el Centro Cultural Mevlana ofrece un espectáculo de luces de neón que crea un efecto mágico sobre las telas blancas de los cuerpos en movimiento. Entre los bailarines se pueden encontrar desde niños hasta adultos, y todos ellos parecen sumirse en un mundo paralelo mientras bailan con las cabezas ligeramente inclinadas.

Tal y como decía Rumí: “Mi lamento se oye en todas las multitudes,/ a coro con aquellos que se regocijan y aquellos que lloran./ Cada uno interpreta mis notas en armonía con sus propios sentimientos,/ pero ninguno desentraña los secretos de mi corazón”. •

El Nuevo Herald

 

Museo Mevlana. Konya. Turquia

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