Inicio > Vivencias > Viajes Iniciáticos

Viajes Iniciáticos

¿Cómo comenzaron vuestros viajes iniciáticos?

Ahora parece lejano todo cuanto voy a relatar, sin embargo ocurrió en el 2000, durante un viaje a Grecia. A pesar de haber tenido la suerte de viajar a distintos lugares, y de contemplar  las hermosas vistas desde el avión sobre playas de las Antillas, sobre las costas de Africa, y verdes campos de Europa, existen dos imágenes que perduran en mi recuerdo, como algo casi surrealista. Una fue durante mi viaje a Grecia, como he dicho. La segunda en mi regreso desde Dubai. A pesar de haber nacido en una isla alejada de España, al volver a ella después de varios años, sentí una cierta nostalgia, aunque no recordaba mucho de mis primeros dos años allí. Sin embargo hubiese sido normal el hecho de emocionarme al volver a la tierra que me vio nacer. Simplemente me sentí feliz e impaciente por ver la isla, sus gentes, amigos que habíamos dejado atrás.

Cuando unos años más tarde me encontraba en el avión, Olympic Airlines, que es la línea aérea en la que mejor me siento, no sabía ni imaginaba lo que iba a ocurrirme al ver las islas. Llevaba en mi maleta el libro de Anne Rice “Pandora”, recomendación de un amigo que me dijo: “Cuando leo Pandora siento que te vo a tí.” Sentí una gran curiosidad por saber por qué. Entonces fue cuando descubrí algo que desconocía: mi deseo de viajar se hizo más acuciante. Mi deseo de viajar a Atenas se tornó impaciencia y al fin, en una ocasión del destino, ofrecí la posibilidad de ir allí, y estuvimos de acuerdo. No recuerdo si en el libro se menciona a Hypatia, pero el viaje en cuestión me sumió en un deseo profundo de conocer la historia de aquella mujer. Claro que ella había vivido en Egipto, pero en Grecia algo ocurrió. Se mezclaron párrafos del libro que había leído, había llorado y me había sorprendido a mí misma al llorar de emoción al ver las ilas sobre aquel mar inmenso, tan quietas, y con una fuerte presencia al mismo tiempo. Senti algo que no esperaba sentir: el regreso al hogar. Así lo experimenté. Las misteriosas islas eran los senos de la diosa que por siempre alimentaba a las criaturas que se alojaban en sus costas. Era increíble. Incluso escribí un poema en el avión sobre esto.

Luego, andando por Atenas, entré en una tienda de antigüedades y objetos turísticos. Allí había una joven a la cual no conocía en absoluto. Recuerdo que tenía la piel oscura, pero no mucho, y de repente, al vernos, las dos comenzamos a llorar y nos abrazamos. Mi acompañante no daba crédito a lo que veía. El pensaba que por una gran casualidad había reencontrado una vieja amistad, alguien a quien había conocido durante mi estancia en el continente americano. Mas no era este el caso. Tan solo recuerdo que al verla sentí un deseo de llorar por ese encuentro. Y a ella le ocurrió lo mismo. Se trataba de la vendedora, no era propietaria de la tienda, tan solo trabajaba allí. Preguntando supe que era de Etiopía y que había emigrado a Grecia por motivos económicos. Al salir, mi acompañante continuaba pensando que nos habíamos conocido en algún otro lugar. No, le dije. En absoluto. Ni yo misma entiendo lo que ha pasado. Durante mi estancia en Atenas, solía buscar estatuas de Safo, pero los vendedores me miraban y hacían un gesto de incomprensión. Safo, si es muy importante!, decía yo. Hasta que en griego un vendedor me dio el nombre como se la conoce allí: SAFÓ. Y luego, poco a poco comencé a sentir un deseo de saber más sobre Hypatia. Quien era ella, cómo murió y por qué. Al regresar, me puse a estudiar la mitología sumeria, no sé realmente por qué. Y la vida de Hypatia. Entonces supe de los monasterios del desierto, entre el Cairo y Alejandría, cuyos monjes le habían dado muerte durante una turba llena de fanatismo religioso. Así que me dije que mi próximo viaje lo realizaría a Egipto. No para ver las pirámides, sinó para reencontrar los restos del mundo helénico. Y allí fue donde cinco meses después me dirigí, con apuntes y datos de lugares que visitar, con fechas y nombres de calles que no podía ignorar. Llevada a una ciudad moderna, pensaba encontrar algún vestigio que sacara de dudas a preguntas seculares, como por ejemplo dónde está enterrado Alejandro Magno. Y allí, en aquel país lleno de misterios, sumergí mi mente, mi espíritu y mi corazón, y reviví los pasos de aquella mujer en el Liceo, en el Serapeo, en avenidas que el tiempo cambió pero no borró por completo. Algo había hecho “click” en mi alma, de una forma irremediable. y a partir de ahí las cosas comenzaron a cambiar de forma rotunda en mi vida.

¿Cómo comenzó tu viaje iniciático?

Anuncios
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: