La Llave
Está la herida en mi corazón,
la herida de un amor que crece,
fluye suavemente, dulcemente,
llenándome de gozo.
Pero al levantarme cada mañana
veo las alfombras, escucho las palabras,
Y no son palabras, son bisbiseos rápidos,
no deberían serlo.
Deberían ser esa llave que uno toma
entre las manos, y la ve brillar,
la ve brillar incluso en noche cerrada,
esa llave que aquieta todas las miradas
y que los dedos con suavidad la colocan perfectamente,
sin equívocos,
en el hueco que abre la puerta sin ruidos,
despacio,
sintiendo como gira esa llave, como los dientes encajan
perfectamente
con la diestra, perfecta, infinitamente perfecta cerradura;
despacio, siento que, al hacerla girar, el sonido del hierro se transforma en canción, en armonía, en descubrimiento.
El placer está en el giro de la llave.
Lo que hay tras la puerta….
todavía es pronto, todavía es pronto,
el sonido, el acercamiento, el instante preciso antes del descubrmiento,
hace felices a los que utilizan esa llave con maestría,
mirando al gato zalamero, viendo cómo se queda quieto,
escuchando el sonido de esta llave
amadísima,
Mientras sus ojos se adormecen y se callan, y escuchan y “saben”
tal y como nosotros sabemos y sentimos el efecto
de la Llave Divina.
Qué palabras tan dulces, tan llenas de pasión,
de misterio, de alegría, de espera…
“Bismillah al rahman al rahim …”
En ellas están los ojos que todo lo ven.
Te Amo.













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